La ciencia que está borrando la frontera entre la vida y la muerte



“Después de 4.500 compresiones torácicas, ocho descargas de desfibrilador e incontables viales de adrenalina, el #Corazón del paciente había empezado a latir de nuevo”, dice Parnia en su Libro Resurrecciones. La ciencia que está borrando la frontera entre la vida y la muerte’. Pero el #Milagro no fue ese, porque después de 24 horas -tiempo suficiente para que los médicos encontraran la causa del paro cardiaco- el paciente volvió a la senda de la recuperación gracias a que todo este tiempo su cuerpo fue sometido a un enfriamiento, de hasta 33ºC, mediante una máquina especial denominada ‘Sol Ártico’, para evitar que sus neuronas resultaran dañadas de forma irreversible.
Aún estuvo unos días en coma inducido para favorecer su recuperación. Joe Tiralosy, que así se llamaba el paciente, regresó a casa sin secuelas neurológicas.


A diferencia de lo que cuenta Parnia en su libro, los #ManualesdeReanimación establecen un tiempo límite: “El concepto básico para reanimar es cuanto antes mejor, y 10 minutos es el periodo máximo”. Pero hay quienes no se conforman con los manuales, y van #MásAllá, aplicando técnicas como la hipotermia descrita por #Parnia. Incluso las neuronas podrían sobrevivir durante horas, según algunos expertos.

La utilización de medios mecánicos, como la oxigenación por membrana extracorporal (un tratamiento que utiliza una bomba para hacer circular la sangre a través de un pulmón artificial y la devuelve al torrente sanguíneo) o la hipotermia, que disminuye la temperatura corporal de modo controlado, ayudan a extender en el tiempo el proceso de la muerte, para poder revertirlo.


Hemos aprendido que si el nivel de oxígeno en la sangre de alguien es bajo hay que ponerle oxígeno y si la presión cae hay que subirla. Pero lo que está ocurriendo cuando falta oxígeno es que las células lo interpretan como una señal para poner en marcha el interruptor de la muerte, que lleva a un suicidio celular programado. Y estamos empezando a ser capaces de modificar ese suicidio celular programado solo un poco, lo suficiente para recuperar la función normal de las células de una forma que no depende solo de poner oxígeno al paciente o elevar su presión arterial. Este es el nuevo horizonte.


En ese nuevo horizonte empiezan a derribarse viejo #Dogmas: «Nos estamos dando cuenta de que algunas nociones sobre la irreversibilidad del daño cerebral no son ciertas».
Todos estos nuevos conocimientos podrían significar que, en unas décadas, la muerte clínica tal como hoy la entendemos podría tener un punto de retorno. O, en otras palabras, que sería posible volver de la muerte tal y como hoy la entendemos.